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Groupe de Lesluteciennes

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Sonidos Antologia Qu


La aliteración es una figura literaria que consiste en la repetición o reiteración de determinados sonidos dentro del texto escrito, con el fin de obtener una mayor expresividad o impacto sonoro.




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La aliteración es casi exclusiva del lenguaje literario, pero es posible hallarla en coplas populares, rimas infantiles e incluso en ciertos giros del lenguaje cotidiano. Pero es característica su capacidad de llamar la atención del hablante sobre los sonidos mismos que está emitiendo.


Debido a que las nuevas generaciones de cantautores del corrido, crecen en un ambiente urbanizado, aunado a la constante convivencia musical con otros géneros, fue un probable detonante para el surgimiento de nuevos sonidos en los corridos actuales , así lo aclara el etnomusicólogo, Eduardo Escoto Robledo.


RESUMEN Las piedras han sido desde antiguo elementos que han jugado un papel importante en la cocina, sin embargo no todas las culturas las han adoptado dentro de su sistema culinario. Conjeturamos que ello está vinculado al "imaginario de la incorporación", es decir a la operación simbólica que hacen todas las sociedades al entender que "somos lo que comemos". En Chile hay dos preparaciones en donde las piedras poseen un alto contenido valórico: la calapurca y el curanto, en las cuales las piedras son centrales como fondos de cocción. Esta apropiación positiva estaría relacionada con el universo mítico presente en el mundo aymara (calapurca) y Chiloé (curanto) que conecta antepasados, fertilidad y piedras. Palabras claves: Cocina, mitos y piedras. ABSTRACT Since ancient times, stones are elements that have played an important role in the kitchen. Nevertheless, not all cultures have adopted them within their culinary system. We speculate that this in linked to "the imaginary of incorporation", that is to say, to the symbolic operation that all societies perform on understanding that "we are what we eat". In Chile there are two preparations in which stones possess a great valoric content: the "calapurca" and the "curanto" in which stones are central means of cooking. This positive appropriation could be related to the universal myth present in the aymara world ("calapurca") and Chiloé ("curanto") that connect ancestors, fertility and stones. Keywords: Kitchen, myths and stones. Recibido: 30.06.2003. Aprobado: 07.09.2003. Las piedras arrodilladas, las piedras incorporadas, las piedras que cabalgan; una que descansaba de espaldas, como un guerrero llagado, y me mostró una llaga cargada de silencio, tapada como de una cera de su puro silencio Gabriela Mistral, "Elogio de las piedras". LAS PIEDRAS Y EL IAMGINARIO DE LA INCORPORACION EN la cosmovision de muchas culturas la piedra simboliza lo imperecedero y también el poder de las divinidades. En la primera fase de las sociedades humanas la lasca fue la materia prima para fabricar armas y utensilios, por lo cual hubo un vasto conocimiento sobre sus cualidades, como por ejemplo el que algunas al frotarse desprendían chispas y otras que caían del cielo como los meteoritos. También en varios relatos cosmogónicos dioses y humanos se originan de rocas y peñas. En la comovisión cristiana, por su parte, la piedra se ha relacionado con la pena de muerte y la punición (Biedermann, 1993). En las tradiciones culturales del norte, centro y sur de Chile encontramos también múltiples sentidos asociados a las piedras, las que constituyeron asimismo una materia milenariamente utilizada, de acuerdo a los registros arqueológicos, en el espacio de la alimentación. Cuando se conoció la manipulación del fuego, las piedras fueron combustible y continente de la cocción de muchos productos. Por otro lado los primeros morteros, moledores, recipientes que sirvieron -y en muchos lugares todavía lo hacen- para la preparación de harinas y un sinnúmero de alimentos, pertenecieron asimismo al universo de lo pétreo. Pero no sólo en el plano de lo sensible las piedras son de gran importancia, también lo son en el orden simbólico. A lo largo de nuestros territorios en los mitos de origen y en relatos de magias y encantos, las peñas y las rocas poseen un gran campo de significaciones y en muchos casos por su carácter numinoso ostentan la doble virtud de oscilar entre el bien y el mal. Podríamos decir, utilizando el concepto de Teresa del Valle (1999), que las piedras constituyen un "cronotopo", o sea un lugar, un espacio que actualiza un tiempo mítico y se constituyen en memoria1. El recorrido que proponemos en este texto tiene como supuesto la existencia de una conexión entre la mitología y ciertas comidas como el curanto (en Chiloé )y la calapurca (en el mundo aymara), en los que las piedras son centrales para su preparación2. En estos casos pensamos que los relatos mitológicos propician que la "incorporación" de las piedras en la alimentación sea legítima y no problemática. No ocurriría lo mismo en otras tradiciones culturales como la mapuche y en algunas como la campesino-mestiza de la zona central, donde el imaginario ligado a lo pétreo funcionaría más bien como un interdicto que impide su despliegue en las técnicas de cocción. Tras estas hipótesis subyace la noción que comer es un proceso de incorporación que se traduce en la frase "yo llego a ser lo que como" (Poulain, 2002). Este proceso comporta elementos y decisiones que se vinculan con lo biológico, lo económico y lo simbólico. Pero, sobre todo con el peso de este último. De esta manera no sólo comemos productos alimenticios, sino los valores que representan y ello nos coloca frente a un "imaginario de la incorporación" que puede desplazarse entre la contaminación y la apropiación. Ambos movimientos poseen un rasgo positivo o negativo. Es así como una contaminación positiva implica que el que come se deja penetrar por las cualidades benévolas del alimento, como sucede en el imaginario del endocanibalismo (por ejemplo, la comunión eucarística). La contaminación negativa, por el contrario, conlleva que ingerir ciertos productos comporte un riesgo, un peligro, pues sus cualidades pueden destruir la integridad del sujeto que come. Por otro lado, está el movimiento de apropiación positiva que se expresa en el exocanibalismo, es decir en el consumo de una víctima respetada para apropiarse de su fuerza, sin que ello suponga una amenaza para la persona. La apropiación negativa, por su parte, nos conduce al consumo de alimentos valorizados negativamente para sublimarlos. Por ejemplo, los canibalismos judiciales que suponen el consumo de un miembro "desviado" del grupo, como modo de restaurar el orden social (Poulain, 2002, op. cit.). Como se observa, en el imaginario de la incorporación lo que está operando de modo fundamental es la organización simbólica de la sociedad humana. Nosotras, sin embargo, hemos efectuado una leve "torsión" a esta perspectiva, en el sentido que nos ocupamos del papel de las piedras en los procesos de cocina (las técnicas de preparación del alimento) y su vínculo con la cuisine (las formas del consumo), utilizando la distinción que hace Levy-Strauss al respecto3. Es decir entendemos que el imaginario de la incorporación no sólo podemos aprehenderlo desde el alimento que se procesa en el cuerpo, sino como un proceso que entraña también los modos de preparación, es decir en contacto con qué el alimento ha devenido consumible, mediante qué materias lo que llega a la mesa se ha transformado en "comida". En este sentido sabemos también que las interdicciones operan en las técnicas de convertir productos en alimentos4. Estas conjeturas son, por cierto, una primera aproximación a lo que podría conformar una "antropología culinaria chilena", es decir una reflexión sobre las formas en que la cultura y los símbolos se graban en la alimentación. Recorramos entonces algunos mundos míticos de nuestro país y su vínculo con lo que hemos llamado las "comidas de piedra". LA CALAPURCA Este plato que se consume en el norte grande, en las zonas aymaras del altiplano y del valle posee larga data. Es así como en el Diccionario de la lengua aymara de Bertonio encontramos la siguiente definición: Calapurca de cuy, calaphurca huanko, de pescado: calaphurca chualla y así puede decirse de otras cosas: y porque algunos no entendieran lo que es esto: es de saber que es un vocablo tomado de los indios y que quiere decir: carne, o pescado cocido con piedras calientes que están abrasando echadas en agua con que se cuece la comida.... Calaphurca: piedra calentada al fuego, con que cuecen carne y otras cosas. Calaphurcca: cosa cocida así. Calaphurcata: cocer así echando en la olla las piedras calientes donde está la carne" (Bertonio, 1984: 33 y 210). Por su lado Rodolfo Lenz (1910) dice de la calapurca: Guiso que se cuece con piedras calientes, etimología: del quechua callapurca (p. 161) y en Argentina se la define como una "sopa preparada con carne, mote y pan calentado con piedras puestas al rojo. Se sirve en las fiestas de Santiago y Santa Victoria" (Neves, 1973:94). La calapurca actual es descrita por Lydia Flores5, migrante aymara en Arica, de esta forma: a la gente le gusta comer la calapurca en diferentes ocasiones, pero sobre todo a los curaditos en la mañana, cuando han trasnochado después de las fiestas. Es un plato contundente y llenador. La calapurca que yo conozco es la que viene con el mote pelado, viene con carne, que es lomo de alpaca. Tiene que ser alpaca, porque le da un sabor rico, nosotros consumimos pura alpaca. A veces le echan pollo, si es para 20 personas se echa el pollo entero. Pero no puede faltar la carne de alpaca porque eso le da el sabor, la parte del lomo. Después se les tira papa, como cuando se prepara el picante, tiene que ser la papa molida, y ahí a eso se le echa ajo, cebolla, sal y cilantro. Después la gente le echa el ají a su gusto, un ají seco, locoto, que venden en el terminal, la gente aymara consume el puro locoto. A la calapurca le ponemos también un condimento que se llama sibarita6, es una cosa rojita, que tiene un poco de ají. En otras partes la calapurca sólo se prepara con mote y carne. Pero, lo más importante es que se tiene que cocer con piedras, y tiene que ser piedra del río. Y lo hace cocer, por eso digo, la comida arriba (en el altiplano) queda rica por el sabor y también porque la gente usa la leña, la leña le da otro sabor a las comidas. La piedra le da otro sabor también. Uno tiene que calentar la piedra en el fuego, después que está caliente, que se pone blanca, eso se pesca y se echa dentro de la olla y eso le bota el sabor rico. La calapurca tiene que llevar piedrecitas, se prefiere las del río, pero yo creo que otras también sirven, pueden ser esas planitas. Hay que lavarlas bien no más. Cuando están bien calientes se echan a la olla. La piedra es la que le da sabor a la calapurca. Nosotros servimos el plato sin la piedra. En Camiña, la calapurca lleva sólo maíz pelado, carne y la piedra. El aderezo que le hacen es con cebollita y ajo, luego de servir le echan cilantro para el sabor, papa también. Observaciones realizadas7 en el poblado de Tarapacá, en la fiesta de San Lorenzo, nos muestran la preparación de la calapurca para ser consumida de madrugada por los danzantes y devotos. Grandes ollas de agua hirviendo reciben diversos tipos de carne desmenuzada, papas, mote, cebolla. Simultáneamente en el fogón se calientan las piedras, las cuales serán introducidas al plato hondo donde se ha vertido el guiso. La piedra en contacto con el estuoso caldo provoca un nuevo hervor y el plato es servido humeando a la mesa. Ahora bien, qué relación podemos tejer entre este guiso y la mitología andina? Acerquémonos a los relatos de origen8. La tradición aymara cuenta que antes no había vida, ni tierra, ni agua, ni cielo, ni luna, ni sol, sólo existía un espacio donde se encontraba Apu Kollana Awqui (Señor, Padre divino). Cierta vez, este ser que ocupaba el espacio decidió crear las cosas. Tomó el infinito y juntándolo con un soplo originó el cielo azul. Después esputó al aire botando saliva en múltiples partículas que adquirieron la forma de estrellas y cometas. Más adelante reunió los gases y los amasó formando la tierra. Escupió sobre la tierra y se formaron los mares, los lagos y los ríos, y del suelo brotaron muchas plantas y árboles. En su paciente trabajo de creación Apu Kollana Awqui concibió a los animales: llamas, vicuñas, zorrinos pájaros, peces, y a todos les dio un dominio. Más tarde engendró a otro ser que estaría a cargo de lo que había creado: modeló en piedra una imagen como él y sopló poniendo agua dentro de la piedra, lo llamó jaque (hombre). Pasó el tiempo y para que jaque no estuviera solo extrajo la savia de las plantas más maravillosas y con ella amasó y modeló una imagen; sacó la costilla más pequeña al hombre y la metió dentro de la imagen: con un soplo creó a warmi (mujer). Les dijo al hombre y a la mujer que poblaran el altiplano, teniéndolo como el sitio más sagrado. Después Apu Kollana Awqui se dirigió a una montaña muy alta a continuar ordenando las costumbres y las maneras de vivir de los seres que había creado. Otros sostienen que el ser creador del mundo fue Achachila (abuelo, antepasado) y que hubo un tiempo en el que el universo y sus habitantes moraban en la oscuridad, no había ni sol ni luna. Mucha de esta gente antigua se puso mala y Achachila se encolerizó con ellos. Los que eran buenos fueron sus mensajeros y advirtieron a los malos que el señor Achachila crearía el sol y la luna para quemar el mundo. Entonces pensaron que los astros saldrían por el oeste y comenzaron a construir casas de piedra de manera que jamás penetrara la luz del sol y para no ser quemados situaron las puertas hacia el este. Pero, cuando Achachila creó el sol y la luna, los hizo salir en esa dirección y por eso, la gente mala que tenía sus puertas en ese sentido cardinal, quedaron petrificadas dentro de sus habitaciones; los que fueron sorprendidos en la superficie de la tierra apenas pudieron llegar a sus Moradas. Otros afirman que Wiracocha es el creador de la naturaleza. Nacido del lago Titicaca, origina el cielo y la tierra y a los humanos, dejándoles también un jefe para que los gobierne. Luego se sumergió de nuevo en las aguas; pero la gente le desobedeció y emergió otra vez del lago. Se dirigió a Tiwanaku, donde convirtió a esa humanidad en piedra. Después modeló a unos nuevos humanos con arcilla pintándoles trajes diferentes, les dio vida y lenguajes diversos. Unos salieron de cuevas, otros de montañas, multiplicándose; mas el primogénito de cada uno de estos distintos grupos continuó existiendo en forma de montaña, de peña o de distintos animales. En otros relatos Wiracocha habría engendrado primero un mundo oscuro, el cielo y la tierra, y luego una raza de gigantes. Estos desobedecieron su mandato de vivir en paz y adorarlo, por lo que los transformó en piedra y les mandó un diluvio. Después creó a otros humanos, pero decidió engendrar un mundo más perfecto prodigando la claridad. Por último es interesante señalar que los aymaras llaman apacheta a un conjunto de piedras que constituye un espacio sagrado al cual hay que retribuir en rezos u ofrendas. También hay piedras sagradas (waka qala) que están imbuidas del poder de las huacas -espíritus protectores cuya fuerza está en determinadas rocas- y otras con la cintura angostada formada por el rayo que son consideradas igualmente sacras. Una lectura de estos relatos desde la óptica de la cocina pone en evidencia los contenidos "culinarios" de la creación y tiende un puente para una analogía entre la alquimia de los platos y la alquimia de los orígenes. Así Apu kollanta utiliza el aire, los escupos (el líquido, el agua) y el amasado para crear el cielo, los cometas y los primeros humanos. La piedra le servirá de materia para gestar al hombre y lo acuoso (la savia) para las mujeres. En la versión de Achachila (el antepasado) la humanidad vive en las tinieblas y para protegerse del sol y la luna construye casas de piedra. El sol y la luna queman (cocinan) a los antiguos humanos, los cuales se convierten en peñas y rocas. En las vertientes que colocan a Wiracocha como creador se le asocia al agua y a la transformación de los primeros seres humanos en piedra. De este modo, el mundo de lo pétreo conserva en su semántica la transmutación creadora, la evocación de los primeros gestos para un devenir de lo humano en cultura: luego de lo quemado aparece una humanidad creada de barro (el agua y la tierra); pero de manera muy clara son los antepasados, los ancestros, los que se han "fijado" en el duro universo de la piedra, los que permanecen en ese reino imperecedero. De allí que guijarros, pedernales y lascas, así como las montañas son las abuelas y abuelos que perviven recordando insistentemente los orígenes. La calapurca, entonces, podría ser leída al interior de un "imaginario de la incorporación" como una comida en la que subyace una contaminación positiva. Son las cualidades positivas de los(as) antepasados(as) las que acompañan la preparación del plato, las piedras (los(as) abuelos(as)) terminan con la cocción y dan "sabor". Es decir, simbólicamente aquellos que el fuego (el sol y la luna) quemó (en otras palabras: dejó incomibles) y convirtió en piedras, son la combustión (la energía) necesaria para hacer el guiso comestible. Así las víctimas antiguas comparecen para trazar de nuevo una memoria; en las piedras calientes de la calapurca están ellas incorporadas, rozadas por un endocanibalismo, acariciadas por el recuerdo, convertidas en comburente y aderezo. No es extraño entonces que se piense que este guiso es especial para animar el cuerpo luego de un día y una noche bailando, cantando y bebiendo. El contexto ritual de su ingestión sugiere que desde muy antiguo el mundo andino rememora sus orígenes, la fallida cocción de los primeros humanos, pero también su importancia, su papel en la preparación culinaria perfecta, cultural, de los que ahora moran la tierra. Así podríamos pensar que usar estas piedras calientes dentro del caldo hirviente de la calapurca es un modo de actualizar el nexo sagrado con los(as) antepasados(as). La permanencia de esta costumbre culinaria nos habla de una relación positiva con lo pétreo en tanto se lo entiende dotado de connotaciones benévolas. Esto podría ser un elemento -por cierto entre muchos otros- que explica el uso de guijarros incandescentes para concluir la cocción de este plato. Por último, la estética de la calapurca conjuga también trozos claves del universo andino y del mestizaje: el maíz (mote); la carne de auquénido (preferentemente alpaca), papa y ají (locoto); a veces mezclado con productos hispanos como el pollo, cebolla, ajo, cilantro y el aderezo peruano sibarita. Ese conjunto desmenuzado de carnes, verduras y cereales es una suerte de síntesis de la historia aymara, de su pasado precolombino, colonial y actual que nada en un caldo -tal vez símbolo del agua necesaria para la reproducción de la vida en valles y altiplano- coronado por una piedra al rojo vivo, por un elemento de la naturaleza (es lo único que no se "cultiva" ni domestica del plato), que sin embargo es "cultural" en la medida que representa los espíritus nunca desaparecidos de los primeros y fallidos seres humanos. EL CURANTO El curanto es una antigua forma de cocinar alimentos utilizada por muchos pueblos, entre ellos los polinésicos. Se le conoce bajo el nombre de "horno de piedra". En Chile es frecuente en el sur, dentro de la tradición chilota y en Isla de Pascua entre los rapanui. Veamos el universo chilote. Curantear significa: Participar en la comilona del curanto. Cocinar alimentos mediante piedras calientes (mariscos u algas). Curanto: cocimiento de mariscos, otras carnes, panes de papa y legumbres a base de vapor. Se prepara un hoyo, de uno o más metros de diámetro,


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